Todo comenzó cuando estaba estudiando magisterio en la Escuela Universitaria de la Sagrada Familia (SAFA) en Úbeda. Un gran amigo que conocí durante esos años de carrera, escribía diferentes relatos, pequeñas historias, frases “adornadas”…, y lo mejor de todo, pintaba cuadros en los cuales era capaz de reflejar su mundo interior. Sentía algo así como, envidia sana.

Un día, le dije que me gustaría ser “escritor” como él. Me contestó muy seguro que para llegar a serlo, tenía que empezar a escribir desde ese mismo momento. Entonces, decidí adentrarme en este mundo que tanto añoraba y, empecé a esbozar el cuento que, en estos momentos y después de casi cinco años, podemos disfrutar todos y todas. No fue nada fácil empezar desde cero: un borrador, dos borradores, tres borradores…

Ahora y a pesar de todos estos años transcurridos, pensé la posibilidad de publicarlo, ya que a mis alumnos/as les encantaban cada vez que se los leía. Entonces, porqué no darles la posibilidad para que tuvieran el cuento y que además, en el futuro, este formase parte entre sus recuerdos infantiles. Pero, no era consciente de que otro gran mundo desconocido me aguardaba. No obstante, sabía que era el momento de, al menos, intentarlo.

Después de hablar con varios autores y autoras con muchísima experiencia en el mundo de los cuentos infantiles y, de contactar con varias editoriales, me tope con la Editorial EditaloContigo. Sin duda, un gran hallazgo.

Durante estos meses de edición y publicación he vivido y sentido algo diferente. Ilusión, emoción, ganas, dudas…, son algunos de los sentimientos que inundaban mi interior. Entusiasmo, sería lo primero y lo más fácil que podía sentir, pero el miedo a no conseguirlo, estaba siempre presente. Eso sí, motivación no me faltaba.

Ahora, ver el gran trabajo realizado me siento como si estuviera en una gran nube. Me pregunto una y otra vez, si esto es real. A veces, podría pensar que se trataría de un sueño. Un gran sueño, que en estos instantes algunos se atreverían a etiquetarlo como vivo y real.

A pesar de todo lo vivido, puedo sentirme orgulloso de cómo he escalado la montaña de la vida. En este momento, toca mirar atrás y ver, en definitiva, todo lo que soy.

            Hoy he empezado a remar hacía un nuevo horizonte.