Rocío Serrano o el poder de la escritura

Por LUIS LEANTE. Escritorhttp://www.luisleante.com/obra-literaria/novelas/

 

Cuando era niña, Rocío Serrano quería ser piloto de aviones militares: cazas, bombarderos y cosas así. Se estuvo preparando en firme para conseguirlo, pero 1 centímetro de altura fue suficiente para truncar aquel sueño, el único sueño truncado. Quizá por rabia, quizá por vocación, decidió estudiar Ingeniería Industrial y se especializó en electrónica, concretamente robótica y autómatas. Rocío, además de ingeniera es salmantina, asturiana y andaluza, bailarina clásica, conversadora vocacional, lectora impenitente, letraherida, madre de tres hijos, luchadora, soñadora y aficionada al deporte, a todos los deportes excepto al golf. Tiene voz de mujer y rostro de niña. Habla como si estuviera narrando, con orden o sin él según la circunstancia. Mientras me cuenta todo esto, parece que no esté hablando de ella, sino de otra persona que también se llama Rocío y tiene sus mismos apellidos. A ratos se sirve el té, a ratos lo bebe y a ratos habla, pero en ningún momento pierde el hilo de lo que está haciendo o diciendo.

Desde que tiene uso de razón, Rocío se recuerda leyendo un libro o viendo una película, dos de sus mayores pasiones que han ido creciendo con los años, con los treinta y un años que tiene, debería decir. Le pregunto por sus gustos literarios y por sus autores favoritos. A Rocío le gusta leer de todo, o mejor dicho, hay pocas cosas que no le guste leer. En su biblioteca, que cuida con esmero, se juntan Cortázar y Hemingway con las novelas románticas de Harlequín. Me confiesa que cuando empieza un libro busca historias que le enganchen; si no hay una historia potente, el libro se le cae de las manos, pero también quiere que el libro la haga pensar, que le plantee cuestiones y retos intelectuales, que le llegue al corazón.

Mientras hablamos de ella y de sus aficiones literarias, su primera novela está siendo sometida a la última revisión técnica antes de entrar en imprenta. Se titula Solo por él, y la historia de más de 500 páginas surgió de un sueño que tuvo mientras veía, o dormitaba, uno de los partidos de la Selección Española en el Campeonato Mundial de Fútbol de 2010. La miro por encima de las gafas, por si no he entendido bien. ¿Me lo puedes repetir?, le digo. Y ella me lo cuenta como si fuera, otra vez, una historia que le ha sucedido a otra persona. Los sueños siempre han estado muy ligados a su relación con la literatura. No es la primera vez que escribe algo que ha soñado antes.

Rocío me explica que hace seis años, durante el reposo al que la obligaba su embarazo de alto riesgo, escuchó en un duermevela placentero el nombre de un futbolista español que se le quedó grabado en el subconsciente. Esa noche soñó el comienzo de la novela. En realidad aún no sabía que era una novela. Cuando despertó al día siguiente, el sueño seguía ahí, como un dinosaurio. Y ahí siguió varios días y varias semanas. El sueño, conviene explicarlo, era la historia de Julia, hermana de un jugador de fútbol cuya vida se encontraba en una encrucijada vital. Rocío se metió en la piel de Julia y comenzó a darle vida, aunque a veces era Julia la que cobraba vida sin ayuda. Fue algún tiempo después cuando Rocío comprendió que aquello era en una novela: su primera novela.

A Rocío le cuesta ponerle una etiqueta a Solo por él. Lo más que se atreve a decir es que se trata de una historia con elementos románticos, de thriller, de novela negra en la que se mezcla el terrorismo, el espionaje y la superación personal, con algún toque erótico. Yo tampoco me atrevo a definir este género. La novela duró lo que dura un embarazo, que habría dicho Joaquín Sabina si hubiera conocido a Rocío antes de escribir aquella canción. ¿Qué se puede decir más de esta historia sin desvelar ningún secreto, pues los hay y muchos? Se puede decir que sus Lectores Cero la acogieron con entusiasmo. Sus Lectores Cero, son su amiga Paula, que prefiere el café al té, un montón de amigos y otros lectores totalmente desconocidos con los que contacta a través de las redes sociales, donde Rocío se mueve como pez en el agua, o como ingeniera en el lenguaje de procesadores, se podría decir.

Hace poco más de dos años, animada por las críticas, Rocío Serrano decidió intentar suerte en el complejo mundo editorial. Hubo de todo, como en botica, y de aquellas respuestas, silencios, propuestas leoninas y hasta algún que otro aprovechado, Rocío se decidió por la autoedición. Y eligió EdítaloContigo, dirigida por Paco Melero. ¿Por qué? Por el trato, por la franqueza con que le hablaron, por la trayectoria de la editorial, y porque algo le dijo —seguramente la intuición— que aquella gente amaba los libros tanto como ella.

La novela saldrá en septiembre. ¿Y qué hay de la distribución? Rocío Serrano me contesta de nuevo como si la que está preocupada por esas cuestiones fuera otra Rocío, y no ella. El libro estará a la venta en varias librerías de Murcia y, además, se podrá comprar a través de su página web (rocioserranopinto.com) y la página de la Editorial (editalocontigo.es) una vez se haya completado el proceso de publicación.

Rocío me cuenta muchas más cosas: que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, pero no simpatiza con los movimientos feministas; que pertenece al Club de las Malas Madres; que no se pone máximos ni mínimos en su carrera literaria; que pretende transmitirles a sus hijos la pasión en hacer las cosas; que sus raíces son cántabro-asturianas-andaluzas; que sale a correr al amanecer cada vez que puede; que consigue terminarse un libro cada tres días; que va todos los domingos al cine; que le gusta la novela negra; que mucha gente sabe escribir, pero no todos saben narrar; que es aficionada al fanfic; que nació el día de los Reyes Magos y que uno de sus libros favoritos es El viejo y el mar. Pero es posible que todo eso no tenga nada que ver con su novela, aunque yo llevo sospechando todo el rato que sí.