Agradecemos a OCTAVIO ACEVES que haya dedicado parte de su tiempo a compartir con nuestro poeta, GUILLERMO ARRÓNIZ LÓPEZ, este interesante diálogo sobre poesía, arte, talento y sensibilidad.
Octavio Aceves, además, es el autor del prólogo a esta última publicación de Guillermo Arróniz, AL AMPARO DE UNOS DIOSES AJENOS, publicada en la Editorial EdítaloContigo.

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Hace unos meses, mi amigo y compañero en el arte de letras, Guillermo Arróniz, me pedía que prologara su nuevo libro de poemas, Al amparo de unos dioses ajenos. No lo dudé. Le contesté rápidamente. Y no solo por los lazos de cariño que me unen a este escritor sino porque ya había leído sus dos primeros poemarios y ambos me habían parecido poesía de calidad, de la que a uno le reconcilia con el verso: llenos de belleza y musicalidad, habían ejercido un pequeño encantamiento sobre mí. Y aunque este último volumen está emparentado con los anteriores por el estilo, me sorprendió en algunos aspectos y se me ocurrieron algunas preguntas mientras leía estas cincuenta y dos composiciones. Hoy tengo la oportunidad de planteárselas al autor y no pienso desaprovecharla:

OCTAVIO ACEVES: Dedicas los poemas a obras de Arte, de Arquitectura, de Escultura, de Fotografía y de Pintura. ¿Por qué? ¿Por qué escribir sobre pedazos de piedra o telas manchadas de óleo en vez de hacerlo sobre el amor, los celos, el miedo a la muerte o el esplendor de la naturaleza?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Escribo sobre muchas emociones que me producen ciertas obras de Arte, con mayúscula, como tú lo escribes. Esas piezas son las que me empujan a componer, a rimar, a trasmitir mis sentimientos. Me empujan casi físicamente, me queman por dentro o me acarician; me inquietan o me seducen. Y quiero compartir esa belleza, ese impacto, con mis lectores.

OCTAVIO ACEVES: Algunas obras a las que escribes son muy conocidas y otras, en cambio, resultan muy poco frecuentes en los libros de Historia. Se me ocurren dos de estas últimas: el lienzo de la muerte de Lord Byron, en un museo de Brujas; y una fuente en los jardines del Palacio de Peles, en Rumanía. ¿Cómo crees que se sentirá el lector frente a esto?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Es cierta tu observación. No es algo premeditado, no pretendo ir de entendido del Arte ni de snob, ni tengo miedo a que me tachen de cantar obras archiconocidas. Sencillamente, escribo sobre lo que me emociona y creo que el lector buscará esas imágenes a través de mi poema… vibrará con ellas. Si para eso sirviera este poemario… me sentiría muy feliz.

OCTAVIO ACEVES: Dices en mi poema favorito del libro, La Piedad de Nicodemo: […] Te da Savonarola cruz y losa / y en ellos tu pasión se vuelve brea / que ahoga el alma en forma portentosa. ¿Qué quieres decir con esas palabras tan llenas de angustia?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Quiero decir que Miguel Ángel Buonarroti era capaz de obras con algo que hemos llamado terribilitá y que para mí significa que su volumen parece mayor al real: es como si se salieran de su contorno, como si fueran más grandes de su tamaño: y esto se debe a que en ellas, el autor concentraba su agonía: él se sentía homosexual, pero lo vivía como un estigma terrible… a lo que añadía un sentimiento de culpa, quizá nacido en aquellos tiempos en que Savonarola gobernó la ciudad de Florencia y los artistas echaban al fuego sus obras porque eran actos de vanidad, terribles pecados que había que destruir. Miguel Ángel rompió esta escultura a martillazos, pero un criado guardó los pedazos y pudo ser finalizada por otro escultor.

OCTAVIO ACEVES: ¿Hay muchas historias como esta en tus poemas?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Unas cuantas… Y me encantaría que los lectores me preguntaran por ellas, como has hecho tú; que este libro se convirtiera en un diálogo sobre Arte entre amantes de la belleza que puede dejar el hombre a su paso.

OCTAVIO ACEVES: La omnipresencia de Europa es innegable: Bruselas, Brujas, Florencia, Ferrara, Roma, Peles, Cozia, Madrid, Salamanca, Barcelona, Córdoba, Osuna, Palencia… ¿No te impacta el arte oriental o el africano o el americano?

GUILLERMO ARRÓNIZ: En general tienes toda la razón, aunque Michael Bilotta es un fotógrafo de Boston (creo que es mi única excepción a la regla europeísta). Me reconozco un amante absoluto de nuestra cultura y es la que más me llega al corazón, a la mente y al centro del erotismo. Otras obras me pueden gustar (el arte del Antiguo Egipto, especialmente el de la Dinastía XVIII, siempre me ha parecido delicioso, un milagro), pero no suelen provocarme el poema, no remueven mi yo poético.

OCTAVIO ACEVES: ¿Por qué crees que la gente debe comprar tu libro?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Porque van a encontrarse con la poesía que un día se les mostró: la poesía que rima, la poesía musical, la poesía rítmica, la poesía que pueden entender, seguir y desentrañar. Porque van a hallar en mí a un amante desnudo de la belleza en todos sus términos y entrego totalmente mi acto de entrega a la obra artística con mis palabras. Estoy convencido de que hay muchos lectores de poesía que no leen hoy obras poéticas porque las tendencias contemporáneas son demasiado ásperas, muy poco acogedoras para el lector. Creo que en mi libro van a darse con el placer contrario: unas palabas que les acogen, que los reciben gozosas, felices de trasmitir ideas y mensajes claros… y a veces con símbolos que perseguir. Y porque es un libro muy visual y estamos inmersos en una época muy visual.

OCTAVIO ACEVES: ¿Cuál es tu poema favorito de este libro?

GUILLERMO ARRÓNIZ: Difícil elección. Todos son mis hijos y han nacido del amor.

OCTAVIO ACEVES: Pues danos unos versos que nos lleven a querer tener tu libro.

GUILLERMO ARRÓNIZ: A ver si lo conseguimos: […] Solo. Piel contra piedra. Sin cadenas. / Libre para el milagro más esquivo: / para empezar de nuevo, redivivo.

 

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