Por Eusebio Marrero. Autor de la novela Era cierta la vida después del divorcio y del cuento El Pinzón y sus amigos. Ambos editados por la Editorial EdítaloContigo.

Quiero, desde estas páginas, hacer un homenaje desde mí mismo, pero no como un acto de hedonismo, sino de rotunda afirmación; sin ningún complejo. También, y apelando a la generosidad de mis compañeros narradores, los que comparten conmigo la publicación de sus obras en la Editorial EdítaloContigo, quiero incluirlos en mi postura, en esta suerte de proyecto común donde ponemos nuestro granito de arena y que se llama LITERATURA.

Especial mención tiene para mí la ilustradora Juliana Serrano, que colma mi último cuento, EL PINZÓN Y SUS AMIGOS, de un fascinante mundo de color a trazos.

El homenaje del que hablo se sostiene en la historia de siempre y en la historia de ahora. Y es que el oficio de escribir, a veces, se convierte en el oficio de reaccionar. Me estoy refiriendo a los acontecimientos salvajes que se han producido en París hace unos días.

Cuando asistía atónito a la “visión de esta barbarie” me sentí muchas cosas que tienen que ver con la angustia, la desesperación y la ira. Pero también me sentí fuerte, potente y capaz. Y paradójicamente sentí todo ello desde mi condición de escritor. En ese momento, una reacción poderosa, libre, potente… vertebró cada letra que he escrito, cada punto que me queda por suspender en el futuro, cada espacio vacío que he de convertir en palabras.

Soy ese ser humano que ante la fuerza de un golpe propone el huracán de la palabra que lo extinga, que lo borre, que lo haga inútil. Hoy comprendo lo importantes que somos todos los escritores, lo imprescindible que se hace que nadie se baje del ojo del huracán de la cultura. Solo desde su mirada podremos responder reflexivos y seguros de nuestras convicciones.

Ya va haciendo tiempo desde que publiqué mi primera novela, desde que decidí levantar mi manuscrito como una bandera blanca que nada tenía que ver con la violencia, pero tampoco con una rendición. Hoy descubro lo necesarios que somos los escritores en este momento, insisto en ello, la tradición tan inmensa de la que somos responsables, la valentía cultural que supone todo ello ante un grupo de energúmenos que pretende deshumanizarnos, incivilizarnos, quitarnos la paz y la cultura, y con ella quitarnos la libertad y la palabra.

El homenaje a los que han sufrido esta barbarie mortal está escrito desde mi condición de escritor. No puedo callar y no voy a callar. Por eso mi esfuerzo por abrirme paso en la literatura tiene hoy, si cabe, más sentido. Porque ese esfuerzo está emparentado con todos y cada uno de los que creen en una realidad libre, espaciosa, en un mundo lleno de mundos.

Mi puesto, ante la violencia extrema, se sitúa delante de una mesa, ante un papel y rindiendo cuentas solo a la imaginación. No voy a abandonar esa trinchera y animo a todos a que no lo hagan tampoco.

De esa misma manera pienso en los soportes que nos ayudan y nos sostienen. No puedo dejar de agradecer a EDÍTALOCONTIGO cada uno de sus consejos, cada minuto que la editorial ha invertido para que yo me sintiera acompañado, tanto en la publicación de mi novela como en la edición de mi cuento. Puedo decir con satisfacción que mis editores, Paco Melero y Nieves Guerra, son tan profesionales como buenos amigos. Eso es muy importante, porque por alguna razón hemos sabido humanizar aquello que hacíamos, el trabajo que nos ocupaba.

Sumo a mi homenaje a todas las editoriales de autoedición, a todas las que, como la mía, nos animan a realizar nuestros proyectos, a sumarlos a esa gran “obra maestra total” que es la cultura. Me siento muy orgulloso de quién soy, pero sobre todo me siento orgulloso de saber de parte de quién estoy.

Este es mi homenaje particular a todas las víctimas de la violencia terrorista, especialmente a las de París. Cada línea que escriba llevará, en el fondo, un grito contra vuestra muerte, que es la muerte de todos.