Entrevistamos a uno de nuestros últimos autores publicados, al que desde este momento le damos la enhorabuena por muchas y buenas razones. Entre ellas queremos destacar su entusiasmo literario en todos los sentidos: siempre atento a lo que desde la editorial le íbamos requiriendo, su trato exquisito con el equipo de la editorial, su “emoción” contagiosa cada vez que le comunicábamos los avances en el proceso de edición… Gracias Francisco Pascual por tu confianza y por tu “buena letra”.

En muy pocos días estará lista la maquetación de tus relatos, La vida al norte de las palabras, ya se han corregido y has revisado las correcciones que te hizo la editorial, has visto cómo se le iba dando forma a la portada definitiva que lucirán los ejemplares… ¿Qué sientes? ¿Cómo es notar que poco a poco se va haciendo realidad el sueño de ser un escritor publicado?

Tengo sentimientos contradictorios. Por una parte una gran satisfacción al ver que el libro ya tiene “cuerpo” y “rostro”, pero por otra, una enorme intranquilidad porque veo que se acerca la fase, para mí, más difícil y embarazosa como es la de intentar darlo a conocer, la presentación y demás. Tengo que confesar que soy un pésimo vendedor de mí mismo.

Cuéntanos cómo se fueron gestando los relatos que vas a publicar, ¿cómo es el trabajo laborioso del escritor que, palabra a palabra, idea a idea, va conformando todo un manuscrito para editar?

El origen es variado. Algunos surgieron como ideas que, de pronto, se me encendieron en la mente mientras leía un libro, veía una película o esperaba al autobús. Otros hube de madurarlos durante un tiempo antes de ponerme a escribir.

¿Qué impresión sacas del proceso de edición de los relatos? ¿Cómo ha sido la relación con tu editorial?

Ha sido una experiencia nueva y gratificante. Quiero hacer especial mención a las correcciones. Yo, con la audacia propia de los novatos, estaba convencido de que mi manuscrito era prácticamente perfecto, pero el gran trabajo de Paco Melero hizo que me diera cuenta de los numerosos errores y “vicios” que, sin percatarme de ello, había adquirido y de los que he tomado buena nota para lo sucesivo. Ha sido un proceso en el que he aprendido muchísimo.

¿Qué perspectivas tienes ahora que “La vida al norte de las palabras” está a punto de ser impreso? ¿Qué les dirías a tus lectores?

Espero que tenga aceptación, como espero y deseo como agua de Mayo todos los comentarios y críticas que los lectores tengan a bien hacerme. De todas ellas sacaré conclusiones que, seguro, me permitirán mejorar.  Yo, personalmente, lo primero que le pido a un libro es que me no me aburra, y creo con sinceridad que con “La vida al norte de las palabras”  consigo esa premisa.

De todos los relatos que incluyes en este volumen, ¿hay alguno que destacarías sobre los demás? ¿Por qué razón?

Quizá “El Espejo”, porque fue el que más me costó de madurar.

Cuéntanos brevemente qué se va a encontrar el lector en esta narración.

Son diez relatos de temática absolutamente distinta. Unos tienen dosis de intriga y suspense, otros,  retazos de humor, y, por supuesto, en los dos cuentos juveniles,  mucha fantasía.