Compartimos nuestro entusiasmo ante la maravillosa crítica que el poeta y escritor GUILLERMO ARRONIZ ha tenido más allá de nuestras fronteras. Para EdítaloContigo, Guillermo sigue siendo ejemplo de talento, tesón y buenas letras. Los que nos dedicamos a la literatura de autoedición nos sentimos dignificados ante el genio de autores como él, capaces de hollar caminos nuevos y diversos.

Por Daniel Torres – escritor y profesor Ohio University

De verso en Greco (2015), del poeta joven español Guillermo Arróniz López (1977), es una pequeña obra maestra en sus 114 páginas con prólogo, epílogo y bibliografía. El cuadernillo de apenas 6.5 x 4.5 pulgadas es también una obra de arte del libro. La portada lleva una gota de agua del famoso cuadro “El caballero de la mano en el pecho”, del cretense afincado en Toledo apodado El Greco por sus contemporáneos, en colores dorados y amarillos; y en la contraportada aparece otra gota de agua con un detalle del cuadro en el que se retrata a Jorge Manuel Theotocópuli, el hijo del Greco. Ambas obras cuentan con sus respectivos poemas porque la dinámica de este pequeño gran poemario es hacer una écfrasis de las imágenes por medio de las palabras, en la larga tradición horaciana del tópico Ut pictura poesis. Se revitaliza aquella antigua polémica del Barroco acerca del diálogo entre pintura y poesía. Dos de los tratados artísticos más importantes fueron los de Vicente Carducho (1633) y Francisco Pacheco (1649). En ellos se hace que “grabado y poesía se fundan en una unidad de significado que resume el diálogo y activa con su hermetismo la imaginación del lector”, como ha señalado Antonio Lorente Medina.

Guillermo Arróniz López revitaliza, por su lado, esta estética de verbo e imagen en un estilo neobarroco que él llama “barroquismo contemporáneo”. Lo curioso es que este escritor no tiene nada que envidiarle a sus modelos del XVII porque su lectura contemporánea desde un prisma muchas veces queer de los sujetos retratados en los cuadros en cuestión, hace de los poemas pequeños retablos de palabras donde se regodea en la imagen. Se hace glosa, comentario, pero a la vez se recrea en esas mismas palabras la precisión del trazo del pintor del que se apropia el poeta. Habría que sacar la tablet o elIpad para buscar cuadro por cuadro y apreciar en su justa perspectiva la belleza de estos poemas, que han sido escritos en los metros de la época (soneto, silva, lira, décima). Los cuales redefine con un lenguaje nuevo y úna óptica queer única.

El cuadernillo, con epígrafes de Quevedo, Virgilio, Reinaldo Arenas, Aldous Huxley, Rainer Maria Rilke, Serguéi Mijáillovich Einsenstein y Fray Hortensio Paravicino, de divide en siete partes, a saber: “El Greco antes del Greco”, “Paisaje con personajes”, “El cielo en la tierra (la santidad hecha color)”, “Cristo”, “Retablo”, “La Gloria” y “El Greco después de El Greco”.

Amén de “Agradecimientos”, “Prólogo” de la pintora Isabelle Bride, “Epílogo” del autor y una “Bibliografía”.

Guillermo Arróniz López ya cuenta con una obra respetable: la novela Epitafio del Ángel (2004), los nanorrelatos Borgianos. Epitafios y nanorrelatos (2011), los relatos Pequeños laberintos masculinos(2012) y su primer poemario Los príncipes de catorce versos (2014).

En De verso en Greco cuando se lee “La expulsión de los mercaderes del templo. Ha. 1600. National Gallery, Londres. Christ driving traders from the temple” hay que ver el cuadro para en una segunda o tercera lectura justipreciar el trabajo de orfebre de la palabra que realiza Arróniz López al retratar en versos la llama de ese cuerpo que purifica “el templo transformado en mercadeo”. La ilustración en negativo de un detalle del cuadro donde se destaca el torso de uno de los mercaderes, ya prefigura cómo la apreciación de la desnudez del cuerpo masculino va a ser una de las obsesiones del hablante lírico en De verso en Greco. Este primer poema inicia la exégesis de los cuadros en versos y palabra poética así como va anunciando la dinámica del verbo y de la imagen mencionada más arriba.

El segundo poema con el mismo título y un II, como en serie, ya se detiene en otra figura, ahora morena, de la izquierda, que da la espalda al espectador: “Muchacho, puro Nápoles salvaje/ te brilla entre los bronces apagados, fundidos en tu espalda y tus costados:/ deseo en muerta brasa y oleaje”. Este es un deseo homoerótico de la voz poética que a lo largo de todo el poemario va a detenerse y regodearse en la perfección de los cuerpos alargados manieristas que nos pincela el famoso Greco. Esta homoerotización de la mirada habrá sido lo que molestó a Felipe II al tildar de nada piadoso el cuadro “El Martirio de San Mauricio” comisionado para el Monasterio de El Escorial y rechazado por el rey por parecerle poco decoroso. El poema que escribe Arróniz López sobre ese cuadro lo dice todo: “San Mauricio, tu armadura/ es súbita piel forjada/ que apenas oculta nada/ de tu gallarda figura/ alta y esbelta… Y oscura/ mi mirada enfebrecida/ que en los colores ve vida/ de poderoso soldado/ de músculo plateado/ y desnuda la pisada”.

Otro cuadro donde el poeta ve el objeto de su deseo más preciado es el de una de las múltiples versiones de “La Coronación de la Virgen”, en este caso la de la capilla privada de San José en Toledo. Al San Juan que aparece a la derecha del cuadro, el que nos mira grequianamente a los ojos, el poeta increpa: “¿Quién eres transformado en un san Juan/ por el trazo sin par del toledano,/ tan griego y a la vez tan veneciano, tan diestro en la tormenta de su afán?”. El hablante quiere saber quién es el modelo transformado en la belleza del cuadro que pondera los estilos italianos del Manierismo o Barroco temprano. Y sigue: “Te miro y en tus ojos veo a Pan:/ travieso y seductor, eros pagano,/ y sin embargo blanco, noble arcano,/ bendito por las aguas del Jordán”. Aquí hermana a los dos san Juanes, al apóstol y al Bautista en un solo verso. La sensualidad que acusan estos versos no hace disonancia con la mística propia de la época y de las figuras de pintores como Zurbarán, Caravaggio o el mismo Greco.

Uno de los mejores ejemplos de lo que llevamos diciendo es la écfrasis al cuadro del “San Sebastián. Ha. 1600. Colección Particular”. Aunque es un tanto difícil dar con el San Sebastián adecuado al poema, si se miran todos en línea, se puede apreciar la mirada particular de Arróniz López, poeta y estudioso del pintor, literato e historiador del arte, porque en esta exégesis y écfrasis de poemas y pinturas a una hay también la reflexión del artista de la palabra que precia admirado las formas del pintor: “Tu cuerpo arde por ser llama en camino/ prendido para izarse puro y fuerte/ abriendo tantas puertas a la muerte/ que apenas vierte el santo pecho el santo vino”. Finiquita el soneto con un último terceto donde dice en los dos versos finales: “Nos mata tu pasión tan inocente/ y arroba tu dolor adolescente”.

El mayor atrevimiento en De verso en Greco de Guillermo Arróniz López es acercarnos a la figura del Redentor por medio de los sentidos, en el poema “Busto de Cristo. Ha. 1587-1596. Národní Galerie,Praga”, como lo hicieran místicos como Santa Teresa de Ávila con su afamada flecha penetrada o San Juan de la Cruz transformado en el Amado: “Hay algo en Tu belleza descompuesta/que no puedo entender, y eso me atrapa”. Atrapado en esas garras sensuales y benditas del rostro de Cristo, el poeta confiesa: “Me excitan los colores que te velan…/ ¡Qué extraño es enunciar este pecado…/ discípulo quisiera ser, ¡y amado!”. La voz poética pretende ser un San Juan Apóstol y recostar su cabeza en el hombro de Jesús como lo retrató Leonardo Da Vinci en su famoso fresco “La Última Cena”. Pero no todo es atreverse, el poeta se acopla también a una tradición de la poesía piadosa y nos regala joyas verbales como “Antonio Covarrubias. Ha. 1600. Museo del Greco, Toledo”: “Amigo fuiste y miembro de ese círculo,/ el círculo de luz que aún ardía/ al tiempo de iniciar la decadencia,/ el faro de sutil sabiduría”. El autor del Diccionario de Autoridades que fija nuestra lengua en el Barroco, es motivo de unos versos que cifran ese “círculo de luz” de intelectuales que dieron brillo a nuestra cultura a través de las artes.

Apalabrar al Greco ha sido, pues, la misión central de este poemario de Guillermo Arróniz López que hay que leer detenidamente. Ha de posarse la mirada de cuadro a cuadro, para entonces, releer poema a poema hasta adentrarnos en una verdadera antológica apalabrada del pintor a través de las palabras del poeta.

 

Daniel Torres

Ohio University

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