Por Paco Melero. Editor de la Editorial EdítaloContigo

No hay día en que uno no se encuentre con información acerca de la autoedición. La encuentras aquí y allí, para enaltecer su función dentro del panorama editorial y para descalificarla sin piedad, para destacar los logros de sus escritores y para desprestigiarlos, para alabar la figura de sus editores y para señalar la absoluta falta de su labor. Es a conciencia que uno ideas contrarias con la palabra «y»; lo hago con el propósito de hacer notar, ya desde el comienzo, que la suma de todo en un mismo sitio y sin fisura de equivocación (porque es imposible equivocarse cuando se habla de “la totalidad”) es lo más parecido a LA VERDAD ABSOLUTA. Yo no sé «tú», lo que sí puedo decir es que yo no la tengo.

Yo voy a ser mucho más modesto y comedido, comenzando por un punto de partida más sereno y más responsable: en la autoedición, como en casi todo en la vida, te vas a encontrar ejemplos de diverso tipo y para todos los gustos. No voy a cansar a nadie dogmatizando acerca de lo «obvio» porque, entre otras cosas, me parece una tomadura de pelo hacia quienes esto lean y a quienes presupongo la capacidad de hilar ideas y juicios más allá de cuatro o cinco palabras, por más gruesos o ingeniosos que sean los insultos a la inteligencia que estas mismas palabras encierren. No voy a insultar desde la autoedición a los que insultan a la autoedición, así en general, con descalificaciones sumarísimas. No, no lo voy a hacer.

¿Mediante la autoedición se han publicado obras bochornosas y mal editadas? Sí, yo las he visto. ¿Mediante la autoedición se han publicado obras magníficas y con una calidad a prueba de obra de arte? Sí, yo las he visto. Conclusión, que decir eso es no decir nada, simplemente generalizar. Por otra parte, añadiré que la mediocridad consiste en dar mucho menos de lo mejor de uno mismo. Eso quiere decir que una obra mala que sea lo mejor de alguien tiene un valor “esencial” al lado de obras mediocres de ciertos “profesionales” de la escritura. Pero eso es otro tema.

Estas líneas, más allá de responder a una reflexión concienzuda y diaria de quien las escribe, quieren ser un apoyo y una encendida defensa para todos aquellos escritores que buscan, simple y llanamente, editar y publicar las obras literarias que han escrito.

La autoedición ha dado y sigue dando obras maravillosas, algunas están triunfando, y textos literarios impresionantes. Y esto ha ocurrido porque sus escritores no han tenido ningún complejo a la hora de hacer de la autoedición un instrumento para sacar sus obras a la luz. No tener complejos ha sido y es fundamental.

A su vez, estas obras tienen difusión porque afortunadamente hay lectores que buscan sus lecturas sin la estrechez de miras del prejuicio ante las obras autoeditadas. Desde aquí, a unos y a otros, se les ha de agradecer la grandeza de aptitud ante lo que debe ser bueno o malo por sí mismo y no por el lugar de donde proceda. La cultura es amplitud, eso vale para todo.

Decir que una obra literaria no merece ni siquiera un vistazo por el simple hecho de ser autoeditada es una estupidez, tanto como decir que se es un buen lector porque solo se lee los top ten de ventas literarias de las editoriales convencionales, cuando todo el mundo sabe que las listas de los más vendidos están creadas a golpe de dinero en publicidad y sin el más mínimo criterio literario en demasiadas ocasiones.

Mi postura es clara: tesón, esfuerzo y talento. Todo ello sería un slogan absurdo si no fuera porque detrás de esos tres adjetivos se expande una realidad maravillosa de la autoedición. Para hablar de esa maravillosa realidad no tengo que generalizar, tan solo nombrar a escritores como Guillermo Arróniz, Mari Ropero, Paloma Insa, Laura Isabel Díaz, David Pallás, Carlos G. Fernández, Eusebio Marrero… Muchos, no puedo poner todos los nombres que conozco, leo y disfruto. Y todo ello, sin complejo por su parte y sin prejuicio por la mía, ha ocurrido en la AUTOEDICIÓN.

Queridos y admirados escritores, mucho ánimo y mucha fuerza con vuestro trabajo.